jueves, 15 de febrero de 2018

EL GRITO





Ese sonido.. ese devastador sonido hizo darme cuenta que la vida cobra factura cuando menos se espera.
Cargos por las mentiras dichas, los daños infligidos, por hablar mal y con odio de personas sin sentido,  por todo pecado realizado alguna vez…
Ese sonido que congela el tuétano de un golpe y trae de pronto,  imágenes fugaces de todo lo que pudo  haberse hecho antes para evitar tan tenebroso desenlace. “Si tan solo"… reinó en mis pensamientos… Si tan solo hubiera revisado, si tan solo hubiera esperado, si tan solo fuera más cuidadosa, sin tan solo… Ya nada servía y de mi arrepentimiento ¡Oh qué hablar de ellos! Aparecieron en batallones incriminándome por el descuido.

Ese sonido, el que uno no quiere escuchar jamás, porque se sabe es una forma tétrica de recordarnos la humanidad acarreada y lo imperfecta que resulta ser… Es el sonido de la dependencia haciéndose manifiesto y de la inutilidad enraizada a ella, la propia insignificancia, si se quiere, resumida a un acto que marca un antes y un después.

Ese sonido, ese puto sonido del celular cayendo al agua.


ESCRITO POR:FRANCISCA KITTSTEINER

martes, 6 de febrero de 2018

A LO ROJO SE VA EL TORO.







-        -  Epa, epa, epa… ¿Qué haces dando tumbos por aquí? Nadie aparece después de tanto tiempo porque sí… - Dije al aire tras oír tu voz escarbando en mis recuerdos.

“¡Ay mi Fran, cómo se nos pasó el verano tan rápido!” Tenías razón en ese entonces, se nos hizo poco entre conversaciones mundanas sobre ideales distintos, tragos de tequila mirando las olas a medio turno de trabajo y música extraña para jugar a ser unos wurlitzer, pero no había vuelto a pensar en ti. Mis espacios vacíos los llenaba otro nombre, casi surreal por estas fechas, fórmulas de conversión a dosis pediátricas y un sinfín de síntomas apiñados para tal y cual enfermedad. Tú, de pronto fuiste, una buena anécdota para contarles a las amigas entre cervezas y cigarros.
-         - Aquí nos conocimos – Dije – y si nos volvemos a encontrar, tiene que ser aquí.

El día había aparecido cubierto de nubes de mar a cordillera, las olas reventaban con una fuerza magistral, se respiraba sal y olor a cochayuyos arrancados desde las profundidades: La atmósfera perfecta para salir a caminar sin rumbo.
Eso provoca los días grises en mí, la revitalización del alma austera, un golpe brutal de energía… A todos no se nos da eso del sol radiante.

Hacía ya tiempo no vestía de rojo, puede ser por las inseguridades levantadas con el correr de los años, pero “Qué más da – Pensé – A lo rojo se va el toro.”
Puse algo de brillo en mis labios, un par de aretes al tono, pantalón ajustado y sombrero de ala ancha para encubrir la mirada. Caminé horas por una playa al borde del abandono, colonizada por resto descuartizados de medusas sin suerte. No sé en qué momento el sol hizo su entrada triunfal, deshidratándome las ganas por descubrir lo que había un par de kilómetros más adelante.
Hice planes a futuro, conversé con el mar sobre mi mal de amores y él rió, organicé la lista del supermercado, canté a todo pulmón, luego de asegurarme que nadie pudiera escuchar, recé por mis muertos, agradeciendo el legado que me dejaron en bandeja, esperanzada en la idea, de algún día, poderlos abrazar de nuevo y contarles que después de todo, no lo hice tan mal, recogí un par de hultes secos para dárselos a mis perras al volver a casa. Son iguales que niños: se entretienen con tan poco. También agradecí por ellas.

Ya se me había acabado el agua cuando caí en cuenta que la tarde se escapó sin aviso. “Si tan solo el mar fuera potable, nada me detendría.”
Retomé camino conocido, sin importarme lo empapado del pantalón al ponerme a jugar a la tiña con el mar y media hora más tarde, una ventolera malintencionada me distrajo quitándome el sombrero. Levanté los ojos y sobre un socavón de arena, estaba este personaje de pelo oscuro alborotado y lentes de sol sumido entre las líneas de un libro amarillento recibiendo el respirar salino de las aguas en carnaval.
-          -   ¡Ay mi amor de verano, cómo se nos pasaron tan rápido estos años! – Suspiré tras percatarme que el niño que conocí había proscrito para darle paso a un hombre con el que, de seguro podría ser yo misma.
Me hice la desentendida y con paso raudo avancé sin mirar atrás…
Esa costumbre de sabotearme las coincidencias, es más fuerte que yo.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

viernes, 26 de enero de 2018

BÉSAME EN SILENCIO




Un rumor a destrucción se arremolina más adentro, ocupándolo todo, adormeciéndome el albedrio. Un llamado conocido y supurante de angustias resuena, sin embargo, no respondo. Hoy no tengo ganas.
El sol golpea fuerte asomándose entre las nubes que lo ocultan, pero el viento con sus suspiros, cancela los latigazos de fuego en mi piel.
Todo es gris: el cielo, el mar, la espuma, los recuerdos, hasta las gaviotas volando en frente son cenicientas y yo sigo hipnotizada con el rastro de sal que queda por las olas al reventarse contra las rocas; hay un mensaje escondido en ese velo casi imperceptible…
El día pasa, se va rápido como arena seca escapándose por los dedos, dejando la misma sensación a polvillo añejo, un vestigio de lo que estuvo antes, la sed inaguantable, el palpitar de la carne en respuesta al dolor. Arena para la astringencia del llanto en reserva. 

Cae el sol, lo sé por el frío, no porque lo vea, aunque a lo lejos algo moribundo se le puede llegar a parecer. Se ahoga en su propia mierda por dimitir ante las nubes. Creo que también moriré así.

Hay dos niños jugando a perseguir el agua. Casi nos puedo reconocer en ellos. Teníamos la misma edad cuando nos encontramos y los mismos coqueteos inocentes ocupábamos en aquel entonces. Ojalá ellos sean más inteligentes. Ojalá sepan que el encontrarse prematuro en la vida, no es sinónimo de un amor pasajero…
Le pido al mar se apacigüe un poco. Ese es mi regalo para ellos: la ausencia de preocupaciones por cinco minutos… Hay veces en que solo bastan cinco minutos para determinar una vida entera.
Él me hizo caso y se recoge. Ellos se besan. Yo muero un poco más.

Debuta la bruma a ras de piso y en el cielo, las nubes se fueron a dormir. Miles y miles de estrellas se aglutinan sobre un ébano profundo. Algunas se lanzan al mar creyendo que otro cielo existe ahí, otras titilan tan fuerte como pueden pues, presienten su extinción a la vuelta de la esquina. El resto se queda estacionado en la contemplación del universo y su reflejo como escarcha en el agua.
Un olor a baja marea se desprende, a añoranza vieja… Un deseo por concluir.
Quiero moverme, pero un magnetismo sigiloso me detiene, un dejo de seguridad parecido al abrazo materno en noches de pesadillas.
Ya estamos solos. La gente se marchó y las aves retornaron a sus nidos.
-          -Tengo tanto por contarte – Dije en voz alta, cargada de melancolía. – Pasaron los años y seguimos siendo tú y yo. – Él rugió.
Me levanté para mojarme los pies en la espuma. Comencé a hacer agujeros en la arena con los dedos mientras caminaba conversando con sus gruñidos. Le conté lo que a nadie le había dicho tal vez, por vergüenza o bien, por orgullo; a final de cuentas es la misma porquería: Trabas, caminos sin salida y oscuros, con melasmas de zozobra impregnados por los recodos… el retrato de una soledad austera y presuntuosa. Creo que le oí llorar, aunque pudo ser otra ola desintegrándose de golpe.
-          - No. – Le respondí. – ya no soy la que solía ser. Fui abatida sin darme cuenta o no lo quise hacer. Ni rastro queda de la que conociste. Hay veces en que también la extraño. En alguna parte se perdió, sin dejarse encontrar. En una de esas, se marchó a buscarle.
El agua estaba tibia, peculiar para estas fechas y latitudes, un cambio sutil con un entrelíneas. Podría ser una advertencia o solo el efecto del calentamiento global.
Apareció la luna en creciente, tímidamente teñida de rojo para destacar entre tanto negro. Puse las cosas de vuelta en el bolso para volver a casa y emprendí rumbo.
Alguien venia caminado en sentido contrario, también solo, con las manos en los bolsillos, el pantalón arremangado hasta las rodillas, conversando con el mar. “Otro loco. – Pensé. – Todos actuamos igual.”  Venía lejos, sin importarle la subida de las aguas, absorto mirando el vacío, ausente, como cuando alguien pierde algo y nada más importa. La marca de un corazón destrozado. Sentí pena por su dolor.
Pasó por mi lado y hubo un estallido proveniente de ningún lugar, se iluminó en horizonte con  candiles de gala, escarcha y vanidad, con un silencio demencial mientras al agua retrocedía. “Terremoto” Pensé.
El hombre se quitó la capucha para poder ver mejor lo que sucedida a lo lejos.
-          - Magia – Dijo sin percatarse que yo continuaba ahí, dispuesta a salir corriendo en cualquier segundo. – Magia vieja de sirenas en fuga. – Tras decir esa frase, supe que acabaría todo.
-          - Magia vieja que envuelve a las almas al reencarnarse. – Le contesté. Su expresión cambiaba del extasis al pánico por hallarse en el mismo lugar y a la misma hora con la misma persona que hacía tantos años atrás.
-          - Magia vieja… que me trae de vuelta a mi sirena. – Me tomó la mano sin preguntar siquiera.

El rencor había quedado relegado al olvido. El tiempo perdido se convirtió en un lapsus de animación suspendida. La muerte no perseguía la felicidad. Se habían separado para siempre la una de la otra. Éramos una vez más, los niños de edad temprana jugando a ser adultos con un amor en pausa.

-          - Bésame en silencio. – Le dije, reconociendo en sus ojos al hombre que amé. – Me lo debes.
-          - Te debo la vida entera. Haz con ella, lo que quieras.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER


BÉSAME EN SILENCIO




Un rumor a destrucción se arremolina más adentro, ocupándolo todo, adormeciéndome el albedrio. Un llamado conocido y supurante de angustias resuena, sin embargo, no respondo. Hoy no tengo ganas.
El sol golpea fuerte asomándose entre las nubes que lo ocultan, pero el viento con sus suspiros, cancela los latigazos de fuego en mi piel.
Todo es gris: el cielo, el mar, la espuma, los recuerdos, hasta las gaviotas volando en frente son cenicientas y yo sigo hipnotizada con el rastro de sal que queda por las olas al reventarse contra las rocas; hay un mensaje escondido en ese velo casi imperceptible…
El día pasa, se va rápido como arena seca escapándose por los dedos, dejando la misma sensación a polvillo añejo, un vestigio de lo que estuvo antes, la sed inaguantable, el palpitar de la carne en respuesta al dolor. Arena para la astringencia del llanto en reserva. 

Cae el sol, lo sé por el frío, no porque lo vea, aunque a lo lejos algo moribundo se le puede llegar a parecer. Se ahoga en su propia mierda por dimitir ante las nubes. Creo que también moriré así.

Hay dos niños jugando a perseguir el agua. Casi nos puedo reconocer en ellos. Teníamos la misma edad cuando nos encontramos y los mismos coqueteos inocentes ocupábamos en aquel entonces. Ojalá ellos sean más inteligentes. Ojalá sepan que el encontrarse prematuro en la vida, no es sinónimo de un amor pasajero…
Le pido al mar se apacigüe un poco. Ese es mi regalo para ellos: la ausencia de preocupaciones por cinco minutos… Hay veces en que solo bastan cinco minutos para determinar una vida entera.
Él me hizo caso y se recoge. Ellos se besan. Yo muero un poco más.

Debuta la bruma a ras de piso y en el cielo, las nubes se fueron a dormir. Miles y miles de estrellas se aglutinan sobre un ébano profundo. Algunas se lanzan al mar creyendo que otro cielo existe ahí, otras titilan tan fuerte como pueden pues, presienten su extinción a la vuelta de la esquina. El resto se queda estacionado en la contemplación del universo y su reflejo como escarcha en el agua.
Un olor a baja marea se desprende, a añoranza vieja… Un deseo por concluir.
Quiero moverme, pero un magnetismo sigiloso me detiene, un dejo de seguridad parecido al abrazo materno en noches de pesadillas.
Ya estamos solos. La gente se marchó y las aves retornaron a sus nidos.
-         - Tengo tanto por contarte – Dije en voz alta, cargada de melancolía. – Pasaron los años y seguimos siendo tú y yo. – Él rugió.
Me levanté para mojarme los pies en la espuma. Comencé a hacer agujeros en la arena con los dedos mientras caminaba conversando con sus gruñidos. Le conté lo que a nadie le había dicho tal vez, por vergüenza o bien, por orgullo; a final de cuentas es la misma porquería: Trabas, caminos sin salida y oscuros, con melasmas de zozobra impregnados por los recodos… el retrato de una soledad austera y presuntuosa. Creo que le oí llorar, aunque pudo ser otra ola desintegrándose de golpe.
-          -No. – Le respondí. – ya no soy la que solía ser. Fui abatida sin darme cuenta o no lo quise hacer. Ni rastro queda de la que conociste. Hay veces en que también la extraño. En alguna parte se perdió, sin dejarse encontrar. En una de esas, se marchó a buscarle.
El agua estaba tibia, peculiar para estas fechas y latitudes, un cambio sutil con un entrelíneas. Podría ser una advertencia o solo el efecto del calentamiento global.
Apareció la luna en creciente, tímidamente teñida de rojo para destacar entre tanto negro. Puse las cosas de vuelta en el bolso para volver a casa y emprendí rumbo.
Alguien venia caminado en sentido contrario, también solo, con las manos en los bolsillos, el pantalón arremangado hasta las rodillas, conversando con el mar. “Otro loco. – Pensé. – Todos actuamos igual.”  Venía lejos, sin importarle la subida de las aguas, absorto mirando el vacío, ausente, como cuando alguien pierde algo y nada más importa. La marca de un corazón destrozado. Sentí pena por su dolor.
Pasó por mi lado y hubo un estallido proveniente de ningún lugar, se iluminó en horizonte con  candiles de gala, escarcha y vanidad, con un silencio demencial mientras al agua retrocedía. “Terremoto” Pensé.
El hombre se quitó la capucha para poder ver mejor lo que sucedida a lo lejos.
-         -  Magia – Dijo sin percatarse que yo continuaba ahí, dispuesta a salir corriendo en cualquier segundo. – Magia vieja de sirenas en fuga. – Tras decir esa frase, supe que acabaría todo.
-         -  Magia vieja que envuelve a las almas al reencarnarse. – Le contesté. Su expresión cambiaba del extasis al pánico por hallarse en el mismo lugar y a la misma hora con la misma persona que hacía tantos años atrás.
-          - Magia vieja… que me trae de vuelta a mi sirena. – Me tomó la mano sin preguntar siquiera.

El rencor había quedado relegado al olvido. El tiempo perdido se convirtió en un lapsus de animación suspendida. La muerte no perseguía la felicidad. Se habían separado para siempre la una de la otra. Éramos una vez más, los niños de edad temprana jugando a ser adultos con un amor en pausa.
-         - Bésame en silencio. – Le dije, reconociendo en sus ojos al hombre que amé. – Me lo debes.
-          -Te debo la vida entera. Haz con ella, lo que quieras.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER


martes, 9 de enero de 2018

LA MIRADA




He visto cómo te mira: Hambriento. 

Irascible por la sed que lo consume, siendo acorralado por la necesidad de probar un poco de absolución; un bocado prohibido para él desde que te vio sonreír. 
Hay inquietud en sus ojos al no encontrarte entre la gente, un dejo de incertidumbre sobre un futuro que no alcanzó a llegar y fantasías sin nacer. La desesperación de un loco ardiendo en el infierno, apaciguada solo por el rugir de tus tacones componiendo réquiem en el cemento ardiente de media tarde. 

Depravaciones nunca conocidas comienzan a tomar forma al despojarte de a una la indumentaria; un desquicio sin tratamiento aflora cuando la desnudez no es el siguiente paso por seguir. Se percibe la inmoralidad exasperada emanada de cada pestañeo con arabescos de consumación carnal elevándose entre sus plegarias antes de saludarte. Es sexo susurrado en los silencios. 

La furia de las olas se condensa a fuego lento, resucitando naufragios de deseos añejos sin concretar. 

He visto cómo te mira: La salvación. 

Un pacto implícito de su alma a cambio de un beso tierno entregado por azar al alinearse los planetas a su favor, esa esperanza que mantiene en vilo por las noches, concediendo luego, un día cargado de posibilidades, que mata y da vida, que agota y revitaliza, que hace daño y sana. 

La búsqueda incansable de una imagen borrosa rescatada desde un sueño febril traído de golpe a la realidad, tomándola por una y renunciando a lo conocido con tal de la felicidad, por efímera que sea. 

El indulto de los pecados a sabiendas de la condena al conocer el rostro de la salvación: El tuyo, para él. 

He visto cómo te mira: La reminiscencia. 

La añoranza de un pasado donde hubo calma y con tal de respirar aire limpio por una vez, vivir enraizado a un recuerdo, en la infancia más pura, donde no había destrucción, ni daño, ni corazones a medio partir, un mendrugo de familiaridad combinado con el miedo a lo desconocido: Un abismo sin fondo con escarcha de rosas en cristal. 

Un suspiro congelado en el tiempo, pospuesto una eternidad con tal de verte llegar y ahora que estás aquí, su mundo se acelera hasta colapsar en un instante, el mismo en el que le sonreíste porque te dio la gana, sin saber de la adoración profesada por un pobre condenado que nunca supo de qué se trataba el juego. Apostó consciente de la pérdida: Él contra el océano hecho mujer, catástrofe y hermosura. 

He visto cómo te mira: La promesa de sexo al caer la noche. 


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.  


lunes, 8 de enero de 2018

LA SEÑAL




Pedí por una señal y se enardeció la mar oscureciendo sus aguas hasta no dejar ver los secretos tallados en las rocas. Espuma se formó entre vaivenes sensuales de insinuaciones en respuesta a lo que pregunté, tentándome a lanzarme sin abrir los ojos antes de inhalar. Se apaciguó después de un rato.

De fondo empezó a sonar una canción que inevitablemente susurra tu nombre, aunque solo para mí. Ese sabor agridulce que acarrean los recueros al resucitar con tu rostro: dolor y alegría reducidos a ti.
Hay un barco echando redes cerca del horizonte… y detrás se aproxima amenazante la bruma…
De pronto, me encontré fantaseando con nosotros dos solos en la playa, sin nadie alrededor, cuando el mundo aún duerme, mirando el mismo barco echando redes, sumidos en coqueteos descarados, besos lentos suplicantes por no extinguirse jamás, perdida en el vibrato de tu voz camuflándose con el reventar de las olas, tus dedos jugueteando con mi pelo revuelto por le viento y yo, refugiándome en tu abrazo. Seríamos tan felices si nos decidiéramos.
Las golondrinas no pueden contra el suspiro del mar. Los alcatraces, sí.

Pedí una señal y tuve a la muerte de frente con dos opciones para ofrecer: acompañarla de una vez o dejar de desperdiciar la vida. Ahí fue cuando volviste a aparecer. Lo peor que puede pasar es que sigas sin querer saber de mí… Tengo que finalizar los asuntos inconclusos por si decide venir a buscarme o me voy a quedar vagando entre estas paredes por la eternidad.
Tengo ganas de tomar tu mano y caminar al caer la noche, hacer planes a futuro y reírnos de nuestra inocencia. Quedó un vacío tan grande al irte, exacerbándose cuando ataca la melancolía o cuando el deseo se convierte en fiebre incurable. Tengo ganas de retroceder el tiempo, maravillarme con la simpleza de un día cualquiera contigo matando las horas, contarte que tuve una profecía y que no importa lo jóvenes que fuimos, el amor era real y antiguo, de mil reencarnaciones, pero siempre tuya y siempre mío. Tengo ganas de desnudarte, de estudiarte, redescubrirte… de curarte. Sin embargo, nada de lo que quiero importa, porque de una forma u otra, muy en el fondo sé que no se cumplirán. 
Las golondrinas no pueden contra el suspiro del mar.  Los alcatraces, sí. Recuerdo un tiempo en que fui un alcatraz.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER. 

viernes, 5 de enero de 2018

CAMPARI CON HIELO




Vivo al borde de la latencia,
Estacionada en un segundo dilatado,
Atrapando los años en un puñado de amaneceres,
Pasando las noches sin dormir para no soñar

Esperando un momento en un torbellino de momentos,
Un día, en un desierto de milenios,
La llegada de El Salvador a esta tierra profana,
La absolución de los pecados justo antes de morir.

La vida en oscuridad para ver en el cielo
La luz de una estrella extinta hace eones,
Como diez años condensados a un volverlo a encontrar,
Un día cualquiera al doblar la esquina.

Aquí, detenida, a sabiendas de la pérdida,
Una juventud desperdiciada para recuperar el alma,
Por condenar al amor a podrirse en arrepentimientos
Al jugar con fuego sin saber qué hacer.

Un Campari con hielo cuando sean las diez,
Así me imagino un beso tuyo:
Tan amargo, tan dulce, tan perfecto,
Lo necesario para congelar la respiración.

Apostar todo sin tener carta segura,
El tiempo no se detiene pese a las ganas,
Así como las noticias tuyas no llegan
Aunque me coarte la cordura su ausencia.
La resignación intermitente susurrando al oído,
Condenación a la soledad, si no es contigo un segundo,
La tergiversación del sentido, buscándole una explicación
A la permanencia de este sentimiento desahuciado.

Arreboles poblando los atardeceres y el viento,
Las hojas cayendo tras morir de sed,
El trago en la mesa que adormece el dolor
De presentir que no te volveré a ver.


 ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

domingo, 17 de diciembre de 2017

LA CONTINUACIÓN INTERMITENTE DE UN AFÁN RECELOSO



Yo todavía te imagino entre mis piernas,
Desplegando a un ejército de contracciones involuntarias,
Vaciándome el alma de dolor y soledad
Para llenarlo con mariposas en pleno vuelo.

O todavía imagino tus manos torturándome la piel,
Entregando caricias mezquinas en las angulaciones del cuerpo,
Tu voz gimiendo por más y agotándome el aliento,
Convirtiendo el día, en otra noche sin dormir.

Yo todavía te imagino retorciéndote sobre mí,
Consumiéndome de a poco, deshidratándome las ganas,
Anclando tus dedos a mis caderas,
En la reverberancia del quebranto cercano al éxtasis.

Yo todavía te imagino buscándome en las sombras,
Liberando al silencio de su monotonía con tus suspiros,
El crujir de las maderas y el réquiem de besos extintos,
Tú y yo, condenados al otro.

Yo todavía te imagino desabotonándome el placer,
Permitiéndome al pecado por necesidad,
Invocar a tu hombría con mis insinuaciones
Y una mano adentrándose en Sodoma.

Yo todavía te imagino, donde te puedo ver,
Para luego desaparecer bajo las sábanas,
Declarando tu conquista con un escalofrío
En la vertiente más caudal de un cuerpo en algarabía.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.


lunes, 23 de octubre de 2017

DÉJAME DORMIR






No me dejen despertar. Que continúe el mundo sin mí.
¡Qué pasen los días y los años y mis ojos no se vuelvan a abrir!
¡Qué se vaya la vida, no me importa, pero déjenme dormir!
Porque todavía puedo sentir tu olor en mi cuello.


No me dejen despertar, porque te escucho reír,
Tras un halo de luz atravesando las cortinas
Y de pronto, estan tus ojos desnudándome con malicia,
Mientras tus manos contienen mi cintura.


Qué continúe el mundo sin mí, pues no le pertenezco.
Dejó de rotar al extinguirse tu voz.
Frío y desamparo lo invadieron. Yo perdí.
Fui esclava desde entonces: hambre y oscuridad.

Qué pasen los días y los años, que se arrugue mi piel,
Pero soñando que envejezco contigo, hasta dejar de respirar,
Los dos contra el mundo, como soliamos ser,
Tomados de la mano al perdernos en la noche.

Qué mis ojos no se vuelvan a abrir, si con eso te puedo besar.
Retroceder el reloj hasta el día que te tuve a solas,
Conquistar las aristas de tu hombría y el deseo,
Saciar por fin, la deprivación de la carne.

Qué se vaya la vida, para ir a buscarte entre quimeras,
Aquí no hay espacio para coincidir, el universo se expande a propósito
Y mi necesidad aumenta en exponencial cada segundo.
Me duele abrir los ojos. Esta realidad solitaria. Déjame morir.

Déjenme dormir, déjenme imaginar que nada ocurrió,
Que seguimos siendo jóvenes, terminando de crecer,
Descubriendo los albores del amor sin saber bien qué es,
Los dos con nuestro idioma secreto.

Porque todavía puedo sentir tu olor en mi cuello,
Porque todavía puedo ser, por una noche la luz que te le hace falta a tu vida,
Porque andas vagando en mis sueños siempre,
Porque yo todavía te amo.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

jueves, 12 de octubre de 2017

EL ALFA Y EL OMEGA





Niebla al pie de las montañas,
Una gota de lluvia que cayó en mi labio,
La ansiedad de tus manos
Y mi deseo en pausa.

Pólvora lanzada al aire en un suspiro,
Miles de puntos de ignición desplegados,
En el espacio ente tu mirada y la mía:
Cánticos susurrados por los muertos.

Un bamboleo inocente en el viento,
Con olores dulces del renacer de septiembre
Acarreando recuerdos olvidados,
Instando a la noche a dejarse caer.

Amenaza de tormenta en tu piel,
Premonición de terremotos al despertar,
Los sentidos de los videntes degenerándose,
Porque yo soy el Alfa y tú el Omega.

La comandancia de los mares ofrezco,
A cambio de invocarte hoy, en el zaguán,
Los misterios del porvenir desgranados
A quien traiga noticias tuyas pronto.

Universos se despliegan ante mis ojos,
Pero son ciegos para verte regresar,
Así como lo son para encontrarte entre las cartas
Barajadas en la mesa al preguntar por ti.
Atracción repulsiva para juntarnos en el mundo,
Malicia contenida por venganza,
Trayendo sufrimiento nacido del amor puro:
El dolor más grande que nadie ha sentido.

Niebla al pie de las montañas,
Una gota de lluvia que cayó en mi labio,
Cataclismos profesados al reencontrarnos,
Porque yo soy el Alfa y tú, el Omega.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 12 de julio de 2017

LA RESURRECCIÓN




Un domingo 2 de julio, en tierras lejanas la selección de fútbol lloraba la pérdida de la copa. Aquí, un médico mataba a balazos a personas dentro de un casino y un candidato arrasaba en las elecciones primarias para la presidencia... Yo te volví a ver.

Ha pasado el tiempo y se nota. Poco queda del niño de mirada diáfana que un día rellenó mis ausencias.Ya más viejo, algo maduro, sanado y reconstruido, sin las cicatrices que te hice. Ahí  estabas, en la foto de una amiga. La última vez, aparecía yo en el medio, con mi piel tostada irradiando felicidad por reírme de las estupideces que susurraste en mi oído... Casi 10 años en la memoria...La amiga, tú y yo.

Un domingo, 2 de julio, a  nueve días de tu cumpleaños y a 19 del mío, la vida me escupía en los ojos con desfachatez al traerte súbito  al aquí y ahora, cuando ya empezaba a acostumbrarme a esta dicotomía  de "tú en tu mundo y yo en el mío" siendo que, en esencia, es la misma porquería: El manejo expectante de un segundo dilatado.

Amplitud y lejanía, vaivenes contrariados por la fortuna de una jugada al azar, la decrepitud del raciocinio  y el insomnio atrofiándome de a poco, hace que mi mundo sea menos atroz de lo esperado  al quedar oscuro tras la sequía de tus ojos en mis días. Todo límite se disuelve a su mínima expresión para extrapolarse a otro jamás conocido. Siempre se puede llevar todo un poco más cerca al punto de quiebre, sin estar lo suficientemente en riesgo como para perder el aliento en un descuido.

Así se pasan los días aquí: Una rutina insostenible con cosechas fructíferas de cansancio en expansión, tanto que abunda, sin dejar cabida para el sueño, porque en la inconsciencia se libran peleas con los demonios habitantes en mis pensamientos y despertar significa haber vencido, tras dejar lágrimas de sangre sobre cadáveres de monstruos regados al sol. Despertar y caer en lo profundo de un abismo con el correr de las horas, para llegar a dormir y reanudar el ciclo, hasta ese domingo.
Fue el hecho de saberte bien, lejos del alcance de mi maldición, lo que hace que respirar costara menos, sin causar más dolor. El aíre continúa siendo poluto, pero ya no tiene sabor a alquitrán, tiene sabor a domingo 2 de julio, una cosa inexplicable, como la amalgama entre la mierda y la miel con chispas de ilusión disecadas para adornar el vacío avecinado en un futuro cercano que construyo sin saber bien para qué.
Creo sentir una pulsación distinta en la rotación de la Tierra, un vaticinio que me fue concedido hace ya tanto, pero quedado en latencia por los siglos de los siglos...Hasta ahora.
Algo tuvo que haber pasado para que tu foto haya salido a flote después del naufragio sin sobrevivientes que nos destruyó la vida.

Cuando alguien quiere ser encontrado es cuando más se esconde... Ya había desistido de buscarte sin victorias , y de pronto, se acaba la partida de ajedrez: No hay escondites, no hay más anonimato, ni misterios conspirativos, ni alineación planetaria, ni calendario Maya. No hay nada, excepto algo alterando el sentido del orden.

Han pasado 39 horas desde que cerré los ojos por más de cinco minutos. Tengo miedo de no volver a abrirlos, porque una vez pedí, entre llanto amargo, ver tus cara una vez más antes de morir...

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

viernes, 7 de julio de 2017

SAN JUAN SIN LUNA





Quise entrar al mar y tocar el horizonte.
Quise quedarme ahí hasta que me salieran branquias.
Quise seguir caminando hasta que mis pulmones se acostumbraran o simplemente, dejar de respirar.

Me quedé mirando, enajenada del mundo, ausente de mi misma, el correr de las horas, y el tamborilear de los segundos en el entrecejo, sin mover un músculo, porque ya no estaba. Creo que nunca estuve. Era una cáscara de la que solía ser, vacía por dentro y tan frágil ante la amenaza de una exhalación, que los resquebrajos se comenzaban a notar sin prisa. Me convertí en espacio cargado de desesperación y angustia, oscuro cuando la reverberancia de la luz aparece, e infertil para la alegría. Hace tiempo, casi una vida atrás, fue que parí la última... Las risas desde entonces, son todas mentirosas para aminorar el batallón de preguntas que se puede levantar si alguien se enterase de lo que ocurre: Caos y muerte.

Quise entrar al mar y congelarme...

El mundo pasaba por mi lado sin darme cuenta, sin importarme un carajo el agotamiento de la paciencia de los espectadores. Pasaba y se me iba la vida.
Pasaba a conciencia del desperdicio, sin embargo, no me moví. Él miraba sin decir palabra alguna. Yo sabía que me observaba. Me sentía segura, con esa certidumbre que nadie me prometió, de saberlo dispuesto a salvarme por si atacaban las ganas maliciosas de plantarme un tiro en el medio de la cabeza. Sabía que me detendría

Quise quedarme ahí y echar raíces, con él al lado, pese a que nunca se lo dije. Yo me quedé...


Amenazas de porvenir repleto de mierda, se levantaban por el oeste, disfrazadas de esperanzas caducadas antes de ser ofrecidas. Una sucesión de mañanas inagotables, impuros y con brío, llegaron de golpe sin darme tiempo de defenderme con estrategia de contraataque. Masacre por todos lados. Cadáveres de días, sangre pastosa extraída de los relojes regando el pasto, metrallas de segunderos incrustados en las paredes, mis ojeras tocando el piso, y mil heridas imaginarias al pensamiento degenerándose en demencia temprana. Cuando bajé los brazos, ya no estaba.

Gasté tanto tiempo tratando de mantenerme a flote, temiendo ser consumida por el abismo del futuro incierto, pese a la reberverancia de la vida misma, que no sé cuando se fue.
Yo pataleaba por no sucumbir ante lo desconocido. Me aferraba a los restos de cordura resagados para poder darle un sentido a tanta deprivación. Yo había dejado todo con tal de vencer. Incluso lo olvidé por un instante... Fue estúpido pensar que al voltear estaría ahí... Fue estúpido pensar que me rescataría...De mí.

Hoy quise volver a entrar al mar, y sentir, por dos segundos tu ojos sobre mi hombro, cuidando mis pasos...
Aquí no hay mar...


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER



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